Con bioestimulación, los cereales tienen mejores defensas para enfrentar las enfermedades invernales

05/08/2022

Transitando el período invernal, es una etapa del año típica en que las personas sufren males respiratorios y otras enfermedades, a raíz de las condiciones climáticas.

Y para los cultivos invernales, también es un período crítico: es cuando comienza a registrarse la aparición de síntomas de enfermedades como manchas y royas.

Por eso, como en los humanos, es fundamental un correcto tratamiento para fortalecer las defensas y evitar que los patógenos provoquen daños que puedan afectar el rendimiento.

En este sentido, ensayos realizados por la firma Rizobacter muestran que el uso de bioestimulantes, en conjunto con la aplicación de fungicidas, eleva los niveles de eficacia en el control de los hongos.

Los estudios fueron realizados con el producto Vitagrow, tanto en su formulación líquida para tratamiento de semilla como en su opción soluble para uso foliar.

EN LABORATORIO

En un laboratorio, la empresa analizó la respuesta de cultivos de trigo y cebada inoculados con enfermedades, ante cuatro diferentes tipos de tratamiento: solo con aplicación de fungicida, con fungicida más tratamiento de semillas previo, con fungicida más bioestimulante foliar, y con fungicida más tratamiento de semilla y aplicación foliar.

“En todos los casos, el uso de Vitagrow incrementó el desarrollo de defensas contra patógenos”, resumió Valentín Bastini, Jefe de Productos de la Línea Nutrición de Cultivos de Rizobacter.

Pero agregó que uno de los principales datos que surgen de estos de estudios es cómo la curva de la enfermedad, que siempre es ascendente a medida que avanza el estadio del cultivo, con la aplicación foliar del bioestimulante, se logra cortar esa flecha hacia arriba y que los niveles de incidencia y severidad de la enfermedad se estabilicen.

“Ya de movida, al hacer tratamiento a semilla se logra comenzar con un mejor status sanitario, porque se reducen los porcentajes; pero la clave es la aplicación foliar del bioestimulante, que potencia la acción del fungicida y logra un quiebre: detiene el crecimiento de la enfermedad”, expresó Bastini.

Y prosiguió: “La presencia del bioestimulante, en conjunto con terápicos y fungicidas foliares, le permite al cultivo activar el aparato metabólico integral y defenderse de mejor manera de una enfermedad. Eso se ve claramente en los ensayos, en donde la severidad baja sustancialmente en comparación con un testigo que solo recibió terápico y/o fungicida foliar”.

A CAMPO

Vale mencionar que estos resultados se están constando también en pruebas a campo, como una realizada por el Grupo de Fitopatología del INTA Pergamino.

El año pasado, los investigadores evaluaron la efectividad del uso de Vitagrow en dos momentos de aplicación foliar: en Z30 y 20 días después de ese estadío.

Mientras un testigo sin bioestimulante tenía una severidad del 14,19% y 0% de control, con Vitagrow en una dosis de 0,15 kilogramos por hectárea, se logró un control en Z30 del 59% (sobre una severidad del 5,88%), mientras que en Z30 + 20 días, se alcanzó un 49% (sobre una severidad de 7,25%).

“Son tasas altísimas de control para trigo y cebada”, aseguró Bastini.

Estos tratamientos también determinaron un aumento de rendimiento de hasta 590 kilos por hectárea o más de 10%, teniendo en cuenta que el rinde total llegó a 5.700 kilos.

Para el representante de Rizobacter, una clave es que el bioestimulante no solo potencia las defensas del cultivo, sino que tiene un efecto antiestresante, que le permite sobreponerse a otras condiciones estresantes, como por ejemplo en la actualidad la falta de agua.

“El cultivo que ya viene estresado por situaciones ajenas a la enfermedad, por el clima por ejemplo, tiene todo el aparato metabólico retardado y las defensas bajas. Con tratamiento de semillas ya podemos disminuir esos efectos y, al momento de aplicar el fungicida, no es lo mismo si además sumamos Vitagrow, porque activamos el metabolismo y el sistema de defensas de la planta”, concluyó Bastini.

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